las cuatro estaciones, claro… desde la noche en que mis papás tuvieron por pasatiempo sembrarme en la existencia, las cuatro estaciones.
mucho después, como a los 18 años, cc me presentó a los castratti y desde entonces… luego vendrían muchos más: que si derek lee ragin, que si vivica geneaux, que si aris christofellis, wong y hasta el mismo alessandro moreschi. muchísimo. casi diría que lo que más. casi.
creció mi admiración -una casi mística, eh- por hasse y porpora, pero muuuuy por sobre todos: haendel y el poco afamado -casi diría que tristemente olvidado- broschi (el otro, no carlo… faltaba más)
ahora resulta que vivaldi -toñito, nuestro muy querido- escribió chorros y chorros de óperas para castratti… hay quien dice que el propio vivaldi era un castrato (¿va a usted a contradecirlos?)
señor, señorita, yo digo que vivaldi no sólo escribió esas óperas, si no que tienen -digo yo… ¿ahora va a contradecirme a mí?- momentos tan gloriosos que superan así o asá las enormísimas delicias de haendel.
hay que escuchar los motetes que philippe jaroussky hace bailar en el pecho de uno -y de miles, no nos creamos tan especiales- cuando le escucha. y bueno, el propio jaroussky, otro descubrimientoooooooo. es más: conocí al mismo tiempo las óperas de vivaldi y la voz (con la gracia incluida) de philippe.
señor, señorita, yo sé que usted no existe, que no viene por acá y que, de hacerlo, bien podría ser que le importen un cuerno tanto la ópera como mis comentarios de aficionado y hasta los castrados. sépase pues, que ni me importa.
acá, philippe jaroussky y el ensemble artaserse atacan el “pianti sospiri” de vivaldi.
y es la gloria entre los hombres.
¡aaaaaaaaaaaamén!






